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Historia
El
castillo de Begíjar, fue conquistado en el año 1251, por Fernando
III El Santo y donado a la recientemente creada diócesis de Jaén,
que por entonces tenia su sede en Baeza. Desde esta fecha hasta el
s. XVIII, primero el Castillo de Begíjar y después el Palacio
Episcopal, serían viviendas de los señores de la Villa de Begíjar
"Los Obispos de la Diócesis de Jaén". Con el paso del tiempo, el
Castillo quedaría obsoleto, demasiado grande y costoso de mantener,
motivos que llevaron a su dejadez y posterior abandono.
En el s.XVI la Torre
del Homenaje, que era hasta entonces la parte mejor conservada del
castillo, es restaurada y transformada en cárcel eclesiástica del
Obispado Jiennense quien a la vez derriba el resto del Castillo, y
aprovechando el material, sobre los mismos terrenos y cimientos
construye este espléndido Palacio, siendo bajo el Pontificio de Fray
Diego Deza, pero fue tan corto el periodo en que regió (tan solo
tres años), que habría de esperar al siguiente pontificado para
llevar a cabo la finalización de dicha construcción, nos referimos
al de Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, el nombrado "Obispo
Constructor", que además de la construcción del Palacio de Begíjar,
impulsó importantes obras en la Iglesia de Santa María La Mayor (
después de Santiago Apóstol ) y la construcción del Puente del
Obispo, llamado así por promover él mismo su construcción.
A lo largo de la
historia, el Palacio Episcopal, ha acogido a una gran lista de
personajes ilustres, tales como Felipe IV, quién al ser proclamado
Rey de España, decidió visitar Andalucía, al regreso de su estancia
en Sevilla, Córdoba, Begíjar era un lugar estratégico para la red
viaria de la época. El Rey junto a su numeroso sequito, pernoctó en
el Palacio, transcurrían los primeros meses del año 1624 y por
entonces el Obispo regente era Don Baltasar de Moscoso y Sandoval,
sobrino del Duque de Lerma y protegido del Rey.
Otro invitado de honor
al que recibieron los Obispos en su Palacio de Begíjar, fue Don
Miguel de Cervantes y Saavedra, que por entonces, ejercía la labor
de comisario en tierras de Jaén , sería durante los días 8 y 9 de
marzo de 1592, Don Bernardo de Sandoval y Rojas, pontífice de la
Diócesis de Jaén por entonces, era un gran mecenas de literatos y
sobre todo de Cervantes, al que le unía una gran amistad.
Cervantes, de alguna manera alaba y
agradece a este Obispo gran amigo suyo en el prólogo de la segunda
parte del "Quijote", haciéndole una especial mención.

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